(A lxs indignadxs, que podrán dejar obsoleto este poema)
La izquierda desaparece
-el tsunami, dicen-
de la política,
de la vida,
de las utopías
y de la poesía.
El problema empezó
cuando las barricadas
comenzaron a
LEVANTARSE
con cubos de Rubik
y montañas de Airgam Boys.
Sin título
Dios me persiguió
Incansable,
durante mi niñez,
como un Pederasta Omnipresente.
Pero conseguí
engatusarle
y
en mi primera comunión
me lo comí.
Y la policía se hizo hombre sensible…
-Me acaban de robar.
Se han llevado
170€ (3×50+1×20),
un reloj de poco valor,
mi autoestima
y los tres primeros versos
de un poema
que le estaba hilvanando a mi hija.
-Qué hijos de puta…
A MIGUEL H, EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO
Vengo a reivindicar
los versos de Miguel Hernández.
No los que escribió:
los que disparó.
Bic azul
Me escribía largas cartas manuscritas
con un bic azul
sobre lo profundo de su amor platónico,
de lo unida que se sentía a mi alma
y de lo bonito que era vivir
pensando en mis quehaceres.
Pero con boli rojo
hilvanaba letras sueltas,
como heridas de su languidez.
Una vez las junté. Decían:
quiero follarte meterte entre mis muslos comerte la polla tragarme tu leche beberme tu sangre.
Dejé de escribirle.
Se le acabó la tinta azul.
A MI TEJADO
Escribo contra mí.
Asesiné a mi musa
y la de oficio
amenaza con abandonarme
una
y otra vez.
Pongo a remojo mi bagaje
cultural
y rebozo en THC
los sentimientos que sobreviven
al certero puñal de tinta.
Soy mi mejor
mi peor
enemigo.
Y aunque utilizo el oxímoron para definirme,
en realidad, no soy
más
que un calambur,
un apéndice que se cree
demiurgo.
CLASIFICADO
Se alquila musa. Desobediente. Renuente. Con cierta querencia a Bertoni. De trabajar, poco. De insuflar vida en versos, cero. Especialista en romper hemistiquios. Experiencia en descomponer imágenes con mordiscos zombies. Francés. Griego. Hotel o domicilio. VISA o Mastercard. Razón aquí.
Brindis
(A F. de Saussire)
No pretendáis ver
mi alma
en estas líneas.
No miréis mi foto.
Miradme
a
la
cara.
YO, DIEGO ÁVILA
Yo, Diego Ávila,
habiendo degollado a Érato
me confieso
como aquél
que remató a la moribunda
poesía.
No fui yo solo.
Antes hubo cientos,
miles,
mejores que yo
-no es lo que piensas:
si sólo hubiesen dos,
uno,
seguirían siendo mejores que yo-.
Maté a Ullán,
maté a González
y
maté a Benedetti
-y tú que lees estos versos
con el meñique alzado, ten cuidado:
sé dónde lees-.
Hozaré cada página escrita
buscando rastros de virtuosismo
con una escopeta cargada de versos
como éste
hasta aniquilar
a todos los bastardos
de las putas musas
y hasta conseguir cambiar
la declamación
por la exclamación
sino ya por el berrido atávico.
Podemos rasgar nuestras costillas
con una pluma engalanada de oca
y escribir con la sangre entintada
la odan dedicada al desamor
pero, por favor:
la poesía no es,
ni se pretende,
una puta canción pop.
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